Cerdo... no me llames cerdo... mueve tu puerco!
Ya no vuelvo a tragar tanto. Las tardes en que me toca trabajar, como es muy poca la carga de trabajo, siempre me invade la imperiosa necesidad de ir al Oxxo a surtirme de porquerías (papitas, galletas, chocolates o demás cosas). Pero la verdad no es que tenga hambre, sino que es por reflejo, por gula o por ansiedad. Como es poca la chamba, pues no hay nada más rico que echarse los Simpsons disfrutando de alguna golosina, o ponerme a jugar al Fifa y estar botaneando. Pero ya no lo vuelvo a hacer. Hoy me eché unos Fritos con un dip de queso. Tres minutos después, el estómago me lo reclamó. Una hora después, estaba en el baño vomitando. Llegué a la casa y otra vez. Esto ya es demasiado. Hay que tomar cartas en el asunto.

